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lunes, 17 de enero de 2011

'Sea Rex', los olvidados reptiles marinos




La Historia ha sido injusta con los primeros seres vertebrados que aparecieron en el planeta Tierra. Sumergidos en las profundidades marinas durante el Mesozoico, unos depredadores casi anónimos en la actualidad desbancaron a moluscos y cefalópodos para surcar las aguas con toda su inmensidad y agilidad. Su existencia fue previa a la de especies terrestres y voladoras de sobra conocidas, como el 'Tiranosaurio', 'Triceratops' o 'Protoceratops', entre otros, y permanecen en un segundo o incluso tercer plano, a pesar de entrañar comportamientos apasionantes.
El Museo Americano de Historia Natural, localizado en Nueva York, estrenó esta semana la película en 3D, 'Sea Rex: Un viaje al mundo prehistórico'. Se trata de un guiño a las casi desconocidas criaturas que dominaron los mares 20 millones de años antes de que los primeros dinosauros anfibios se fueran desplazando a la tierra.
La cinta, escrita y dirigida por los franceses Pascal Vuong y Ronan Chapalin, sumerge al espectador en el sorprendente mundo submarino de especies como el 'Liopleurodon'. Este ágil nadador de cuatro aletas poseía unos afilados dientes que doblaban el tamaño de los de un 'Tiranosaurio'. Sus mandíbulas medían tres metros de longitud y lo convertían en uno de los depredadores acuáticos más voraces, capaz de aniquilar a peces que doblaban su tamaño. Además de mostrar su conducta a la hora de devorar a sus presas, la animación también reproduce el momento en el que el macho corteja a la hembra, de un tamaño mucho mayor que el suyo.
Otra criatura que aparece en la película es el 'Elasmosaurus'. Esta especie caracterizada por su larguísimo cuello, medía ocho metros, vivió durante el Jurásico Inferior. Fue el reptil marino más largo jamás conocido y solía atacar a sus víctimas situándose debajo de ellas.
El 'Oftalmosaurio' por su parte, vivió hace aproximadamente 160 millones de años y es muy parecido a los peces actuales. La proyección también muestra al 'Shonisaurus', los ejemplares más largos llegaban a superar los 20 metros, y al 'Prognathodon', que vivió durante el Cretácico Superior.
Pascal Vuong, codirector de 'Sea Rex: Un viaje al mundo prehistórico', ha confesado que el tema le cautivó rápidamente. "Hay tan poca información disponible sobre reptiles marinos en comparación con los dinosaurios, que estos animales me parecen fascinantes. Es el tamaño que tienen, sus capacidad depredadora, su adaptación al mundo marino y su longevidad".
Rodada en 3D y con una duración de 41 minutos, la cinta goza de unos efectos especiales propicios para ser expuesta en cines IMAX. "No se puede mostrar de otra manera debido al increíble tamaño de los animales", explicó el otro codirector, Ronan Chapalain, en una entrevista concedida al portal de Internet, BMZ.
El producto final tardó cinco años en salir a la luz después de arrastrar problemas de financiación, rodaje y producción. Aún así la historia de la joven Julie y su viaje a través del tiempo a los periodos Triásico, Jurásico y Cretácico se ha rodado en estudios de Londres, París y en localizaciones exteriores de Egipto y Nueva Zelanda, "sólo allí se pueden encontrar paisajes nunca tocados por el hombre", llegó a afirmar Chapalain.
Este paseo por el mundo submarino del Mesozoico supone un acercamiento científico a la vida a través de las técnicas cinematográficas y efectos especiales más avanzados. Para conseguir esta precisión en la morfología y características de los reptiles reconstruidos, los creadores se han rodeado de los mejores científicos y paleontólogos expertos en la materia.+
El equipo que les ha asesorado consta de casi una decena de especialistas de universidades repartidas por todo el mundo. Y tal y como afirmó Vuong , "tras el primer pase de la película, uno de ellos me dijo que había hecho realidad su sueño. Por fin podía ver con sus propios ojos a esas criaturas que tantos años llevaba estudiando".

El abismo Challenger es el lugar más profundo que se conoce

La fosa más profunda del océano juega un importante papel en la regulación del clima



  • El sumergible que explora la sima Challenger revela sus primeros datos
  • Revelan que juega un papel importante como sumidero de carbono


La Fosa de las Marianas, conocida también como el abismo Challenger, es la zona más profunda que se conoce del oceáno. Se encuentra en el Océano Pacífico y sólo dos exploradores han logrado bajar a tal profundidad. En 1960, el inventor suizo Jacques Piccard y el marine estadounidense Don Walsh descendieron a 35.000 pies a bordo del batiscafo Trieste, que fue especialmente diseñado para esa misión.
Lanzamiento del sumergible.
Desde entonces ningún ser humano ha vuelto a descender a esa profundidad pero sí nuevas naves no tripuladas dotadas de la última tecnología que están recopilando valiosos datos para que los científicos puedan estudiar esta desconocida área del océano.
Un equipo internacional de investigadores lanzó al agua un sumergible no tripulado para que descendiera a 10.900 metros de profundidad. Los científicos han revelado ahora sus primeras conclusiones sobre la investigación, según informa la BBC. Por ejemplo, que las fosas oceánicas actúan como sumideros de carbono y que su papel en la regulación del clima es mayor de lo que los científicos pensaban hasta ahora.

El ciclo del carbono

"Se trata de la primera vez que hemos sido capaces de instalar sofisticados instrumentos a tal profundidad para medir la cantidad de carbono almacenado", explicó el investigador Ronnie Glud a la BBC. "Básicamente, queremos comprender cuánto material orgánico -es decir, el material producido por algas y peces en zonas menos profundas- se deposita en el lecho marino, y si esta materia es devorada por las bacterias o degradada, o queda enterrada", afirma Glud. De esta forma esperan obtener una fotografía general que muestre hasta qué punto el océano puede capturar carbono en el ciclo global.
"Aunque estas fosas sólo cubren el 2% de la superficie oceánica, pensamos que podrían ser desproporcionadamente importantes, ya que es probable que acumulen mucho más carbón debido a que actuarían como una trampa, de modo que en su fondo se acumularía más materia orgánica que en otras partes del océano. Así lo sugieren los resultados de los primeros experimentos realizados", afirma.

Una sonda recubierta de titanio

El robot fue lanzado desde un barco y tardó tres horas en llegar al fondo de la fosa, donde llevó a cabo una serie de experimentos. La presión a casi 11 kilómetros de profundidad es 1.000 veces superior a la que hay fuera del agua, por lo que sus sensores estaban recubiertos de un cilindro de titanio capaz de resistirla.
El siguiente paso de este equipo internacional de investigadores será calcular qué cantidad de carbono se acumula en el fondo del océano comparada con otras zonas. De esta forma, esperan poder determinar qué papel juegan las fosas oceánicas en la regulación del clima.
En esta investigación participan el Instituto de Microbiología Marina Max Planck de Bremen (Alemania), La Agencia Japonesa de Ciencia Marina y Terrestre y Tecnología (JAMSTEC) y la Universidad de Copenhague (Dinamarca).

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