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domingo, 20 de marzo de 2016

La NASA mandará mensaje interestelar al espacio


Enviar mensajes al espacio no es nuevo; por ejemplo, en 1977 la NASA mandó en las dos sondas espaciales Voyager sendos discos con imágenes y sonidos de nuestro planeta, ahora quiere volver a repetirlo con un mensaje digital, global y participativo porque casi 40 años después el mundo no es el mismo. 

En el proyecto de 1977 estuvo inmiscuido un pequeño grupo de expertos, entre ellos el famoso astrofísico estadounidense y divulgador científico Carl Sagan (1934-1996) y Jon Lomberg, un artista y divulgador que ahora está empeñado en repetirlo, pero a lo grande. 

Su proyecto se llama "One Earth Message" (Un mensaje de la Tierra) y su objetivo es crear un nuevo mensaje digital interestelar en representación de la Tierra elaborado por sus habitantes, el cual se "subirá a bordo" de la sonda espacial New Horizons de la NASA que se encuentra más
allá de Plutón, explica Lomberg. 

El objetivo de Lomberg es que en tres años personas de todo el mundo puedan empezar a mandar sus ideas -imágenes, sonidos o cualquier otro material- y que en 2019 el gran mosaico sea enviado. 

La comunicación final será resultado de una elección por votación popular y ocupará 150 megabytes (en 2019 la New Horizons tendrá hueco para cargar nuevos datos porque se habrá vaciado de muchos), detalla este divulgador, quien impartió sendas conferencias esta semana en Madrid. 

"Se trata de una oportunidad única para que la gente del planeta pueda colaborar en la elaboración de un mensaje interestelar", señala Lomberg, quien añade que este proyecto tiene dos audiencias. 

Una, extraterrestres, que no se sabe si están, estarán y lo van a descubrir, y otra la gente en la Tierra, que esa sí tendrá acceso a toda la información que se recopile en una web y el mensaje final. 

Y es que, asegura Lomberg, uno de los principales objetivos de este proyecto es poner en contacto a miles de personas de todo el mundo (incluso de tribus aisladas, a las que se les facilitará la transmisión de sus mensajes): "La Tierra tiene muchos problemas y cualquier iniciativa que junte a la gente es muy importante". 

"El mundo no es el mismo, es hora de que lancemos un nuevo mensaje sobre el estado del planeta". 

Aún es pronto, pero en esta comunicación global habrá hueco para la música. En este sentido apunta que plantear a un grupo de músicos reconocidos mundialmente -como Brian Eno o Paul Mc Cartney- que llenen este espacio, con las canciones o trozos de canciones que elijan o creando alguna composición nueva. 

Cuando en la década de los setenta la NASA mandó imágenes y sonidos en las sondas espaciales Voyager, no envió nada negativo. 

Esto, a juicio de Lomberg, tiene que ser distinto esta vez: no se puede hablar del mundo sin hablar de sus problemas y hablando de ellos, quizás, encontremos algunas soluciones; "es un gran reto". 

Lomberg recuerda que es pintor y cuando un artista pinta un autorretrato "aprende mucho". Esto es lo que pasará con este proyecto, con el que se hará a la Tierra un autorretrato. 

"Será muy interesante para sociólogos y artistas", afirma este divulgador, quien admite que no a todo el mundo gustará lo que se escoja para enviar. 

En este sentido recuerda que en las Voyager la NASA les impidió mandar fotos con personas sin ropa: no sé dónde estarán los límites ahora, el proceso lo decidirá, y si una imagen debe mandarse o no.


martes, 1 de marzo de 2016

Los científicos, desconcertados ante la misteriosa señal del Cúmulo de Perseo ¨Cúmulo de Galaxias*

Lo que encontramos no podía ser explicado por la Física conocida», dicen los investigadores.


"No podía creer en lo que estaba viendo", afirmaba Esra Bulbul, del Harvard Center for Astrophysics, tras comprobar una y cien veces sus instrumentos. Era el mes de Julio de 2014 y, según sus palabras, "lo que encontramos, a primera vista, no podía ser explicado por la Física conocida". En el momento de su hallazgo, la investigadora se encontraba trabajando junto a media docena de colegas. Manejaba el telescopio espacial de rayos X Chandra y exploraba el cúmulo de Perseo, un gigantesco enjambre de galaxias a 250 millones de años luz de la Tierra. Imaginemos una nube de gas en la que cada átomo fuera una galaxia completa. Eso nos dará una idea del aspecto que tiene el cúmulo de Perseo, uno de los objetos más masivos del Universo conocido. Todo el cúmulo, además, está rodeado por una enorme "atmósfera" de plasma supercaliente. Y es ahí, en ese plasma, donde se originó el misterio.
La "atmósfera" del cúmulo está llena de iones de diversas sustancias y metales, cada uno de los cuales produce un "pico" o línea característica en el espectro de los rayos X. Esas líneas pueden ser observadas y estudiadas con el telescopio espacial Chandra, y dado que cada una de ellas corresponde a un elemento, el método se utiliza para averiguar de qué están hechos los objetos que los astrónomos observan en el espacio. "Todas las líneas -explica Bulbul-, se producen a niveles bien conocidos de energías de rayos X".
Sin embargo, en 2012, cuando Bulbul recopilaba los datos recogidos por Chandra durante una observación de 17 días, en el espectro surgió una línea que, sencillamente, no debería existir. "Apareció una línea en el rango de los 3,56 Kev (kiloelectronvoltios) -recuerda la investigadora- que no se correspondía con ninguna transición atómica conocida. Fue una enorme sorpresa".
Al principio, ni siquiera la propia Bulbul podía creerlo. "Me llevó mucho tempo convencerme de que esa línea no era un artefacto del propio detector -afirma-, ni tampoco una línea atómica ya conocida. Llevé a cabo análisis detallados, analicé y volví a analizar los datos, los dividí entre diferentes grupos de investigadores, y los comparé con los de otros cuatro detectores a bordo de otros dos observatorios diferentes. Pero ninguno de esos esfuerzos hicieron que las líneas desaparecieran".
En pocas palabras, la nueva y misteriosa línea era algo muy real. Y su autenticidad volvió a ser confirmada cuando el equipo de Bulbul encontró una firma espectral idéntica en las emisiones de rayos X de otros 73 cúmulos de galaxias diferentes. Esos datos, además, fueron recogidos por el telescopio espacial europeo XMM Newton, un instrumento completamente independiente de Chandra.
Para colmo, y apenas una semana después de que Bulbul y su equipo publicaran sus resultados, otro grupo de investigadores dirigidos por Alexey Boyarsky, de la Universidad holandesa de Leiden, reportaba el mismo tipo de líneas espectrales, halladas con el telescopio XMM Newton y, esta vez, en la vecina galaxia de Andrómeda.

«Bulbulon»

Si esas líneas no corresponden a ningún tipo concido de materia, ¿De dónde proceden entonces? Las sospechas, llegados a este punto, se centran sobre otra clase de materia, por ahora desconocida: la materia oscura. "Tras publicar el artículo -recuerda Bulbul- los físicos teóricos empezaron a especular con hasta 60 tipos diferentes de materia oscura que pudieran explicar esa firma en el espectro. Algunos de ellos llegaron incluso a bromear sobre el tema, llamando ´bulbulon´a la partícula desconocida".
Entre la gran variedad de candidatos de materia oscura capaces de producir una línea espectral como la observada se encuentran los axiones, los neutrinos estériles o los hipotéticos "módulos de materia oscura" que podrían surgir del "rizado" de dimensiones extra en el marco de la teoría de cuerdas.
Pero lo cierto es que el misterio continúa, y que para resolverlo habrá que esperar, probablemente, a disponer de nuevos instrumentos de observación. Los investigadores esperan que el telescopio avanzado de rayos X Astro H, lanzado hace unos meses por la agencia espacial japonesa, pueda ayudar a esclarecer la cuestión. En efecto, el instrumento cuenta con una nueva clase de detector, desarrollado por la NASA y la Universidad de Wisconsin, que podría ser capaz de medir la misteriosa línea con mucha más precisión de lo que ha sido posible hasta ahora.

Fuente: abc.es



jueves, 22 de diciembre de 2011

Una estrella ofrece pistas sobre el futuro de la Tierra

Dentro de 5.000 millones de años, el Sol se convertirá en una gigante roja cuyas llamaradas se tragarán Marte y la Tierra


Dentro de 5.000 millones de años, el Sol se convertirá en una gigante roja cuyas llamaradas se tragarán Marte y la Tierra. Los astrónomos creían que ningún planeta podría sobrevivir a ser engullido por su estrella, pero dos mundos recién descubiertos fuera del Sistema Solar les acaban de corregir.
Se trata de sendos exoplanetas menores que la Tierra y que orbitan la estrella KIC 05807616, a 3.800 años luz y que ya ha pasado su fase de gigante roja. La existencia de ambos planetas, descubierta gracias al telescopio espacial Kepler de la NASA, aporta datos que permiten adivinar qué sucederá en la Tierra cuando el Sol llegue a su fase de gigante roja.
Los investigadores responsables del descubrimiento, publicado hoy en Nature,dicen que ambos planetas perdieron todos sus gases (atmósfera) y sus líquidos, quedando sólo expuestos susnúcleos con los elementos sólidos más resistentes. Uno de los planetas tiene un radio 0,76 veces el de la Tierra, lo que le convierte en el exoplaneta más pequeño descubierto hasta la fecha. Ninguno de los dos puede albergar vida, ya que orbitan muy cerca de la estrella, donde la temperatura es cinco veces mayor que en el Sol.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Las criaturas más insólitas de la Tierra L

La bacteria todoterreno descubierta por la NASA es diferente a todo tipo de vida conocida, pero no es el único organismo terrestre que parece sacado de otro planeta

Gran Fuente Prismática en el Parque Nacional de Yellowstone, donde habitan organismos extremófilos


La comunidad científica está revolucionada. La definición de vida, tal y como la conocíamos hasta ahora, ha cambiado. Se ha ampliado por primera vez. Existe una criatura, una bacteria, que se diferencia del resto de seres vivos que pueblan la Tierra. No funciona igual. No hace las cosas igual. Su ADN tiene un elemento extraño. Si todos los que respiramos sobre el planeta respondemos, por decirlo de alguna forma, al mismo mecanismo —necesitamos seis ingredientes fundamentales para seguir vivos—, este microorganismo descubierto por científicos de la NASA en el lago Mono, en California, ha sustituido en sus moléculas uno de ellos, el fósforo, por uno de los venenos más terribles que se conocen, el arsénico. Lo utiliza para sustentar su crecimiento y, por increíble que parezca, funciona.
El excepcional hallazgo de la bacteria GFAJ-1, publicado en la revista «Science», cambiará lo que sabemos sobre biología y evolución, y abre una nueva e inesperada puerta a la búsqueda de vida en otros planetas, pero no es el único ser de nuestro mundo con propidades «extraterrestres».
Otros microorganismos han demostrado tal resistencia a condiciones extremas que parecen «llegados de Marte». No pueden ser comparables a la extraordinaria bacteria del lago Mono, que, por cierto, quizás se encuentre en otros muchos lugares del planeta, incluso en España —eso aún está por ver—, pero su casi milagrosa capacidad de aguante a temperaturas infernales, radiaciones o estados de salinidad insufribles los convierten en campeones de la resistencia, capaces de vivir donde cualquier otro ser moriría sin remedio.
Enviados al espacio
Algunos incluso han sido enviados con éxito al espacio exterior en varios experimentos realizados en la Estación Espacial Internacional (ISS). En el último del que conocemos resultados, unos microbios recogidos en los acantilados de Devon, en Inglaterra, consiguieron sobrevivir casi 600 días expuestos a los rayos cósmicos y sin oxígeno. Ahora mismo, un nanosatélite de la NASA orbita la Tierra con microorganismos que se encuentran en estanques de sal en un estado seco y latente, para comprobar su reacción a condiciones extremas de radiación e ingravidez.
Todos ellos son seres extremófilos y uno de los mejores ejemplos de su comportamiento lo tenemos muy cerca, en la ácida cuenca del río Tinto (Huelva), un sistema que parece ser muy similar al marciano y donde también hay grandes cantidades de arsénico. Los científicos han sometido unas bacterias abundantes allí a todo tipo de pruebas sádicas para comprobar si resisten las condiciones del Planeta rojo: presiones de 7 milibares, temperaturas marcianas de -40ºC, altas dosis de rayos UV. Los niveles de supervivencia fueron altos, especialmente cuando las bacterias se encontraban bajo el subsuelo.
Campeones de resistencia
Organismos asombrosamente resistentes se encuentran en otros puntos del planeta, en zonas donde jamás se hubiera sospechado la existencia de vida. Cada tormento, cada ambiente extremo, tiene sus propios héroes invulnerables. Claro que hay algunos que son especialmente llamativos.
En el caso del pH ácido, por ejemplo, «el campeón está en una mina en California llamada Iron Mountain, donde microorganismos arqueas crecen en PH negativo, unas condiciones de acidez insoportables», explica el microbiólogo Ricardo Amils, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y director del departamento de Planetología y Habitabilidad del Centro de Astrobiología del CSIC-INTA.
Si hablamos de bajas temperaturas, en el Vostok, un lago subglacial en la Antártida, a 4.000 metros bajo la superficie de la placa de hielo, se han encontrado, por difícil que pueda parecer, microorganismos todavía sin identificar que viven sin problemas a -35ºC. El caso contrario: en lugares con actividad volcánica, como Yellowstone, se han descubierto seres microscópicos «que pueden crecer a 113ºC». En simas oceánicas de hasta diez kilómetros de profundidad, donde existen volcanes submarinos, también ha aparecido vida a pesar de la inaguantable presión; y en los desiertos o en altas cumbres, microorganismos «toman» altas dosis de radiación.
Entre todas estas súper criaturas, quizás los más prolíficos sean los tardígrados, conocidos como «osos de agua» por su aspecto y su peculiar manera de caminar. La característica que los hace fascinantes es su capacidad de deshidratarse para quedar «como muertos» durante cientos de años. También han resistido en el espacio. A juicio de Amils, esto demuestra que, en realidad, «la vida es mucho más resistente de lo que creíamos».

Fuente: abc.es
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